Intolerancias alimentarias: lo que debes saber sobre la fructosa, el sorbitol y la lactosa
Noelia Beneito Gonzalez AND-01545
En los últimos años, cada vez más personas descubren que ciertos alimentos, aunque aparentemente saludables, les generan molestias digestivas. El dolor abdominal, la hinchazón, los gases o incluso la diarrea son señales frecuentes de que algo no anda bien con nuestra forma de digerir. Entre los culpables más comunes encontramos tres azúcares muy presentes en la dieta diaria: la fructosa, el sorbitol y la lactosa.
A menudo se confunden las intolerancias con las alergias, pero es importante diferenciarlas: mientras que las alergias alimentarias implican una respuesta del sistema inmune, las intolerancias se deben a dificultades digestivas o de absorción. Esto quiere decir que el cuerpo no logra procesar correctamente ciertas sustancias, y el intestino lo hace notar.
1. Intolerancia a la fructos
La fructosa es un azúcar natural que se encuentra en frutas, miel y algunos vegetales. También se utiliza como endulzante en muchos productos procesados. En condiciones normales, el intestino delgado la absorbe gracias a transportadores específicos. Sin embargo, cuando estos transportadores funcionan de manera limitada, parte de la fructosa llega al intestino grueso, donde las bacterias la fermentan produciendo gases y molestias.
Síntomas frecuentes:
- Hinchazón abdominal
- Flatulencias
- Dolor abdominal tipo cólico
- Diarrea (en algunos casos alternada con estreñimiento)
Alimentos a vigilar: frutas como la manzana, pera, mango, sandía, miel, jarabes de maíz con alto contenido en fructosa y refrescos.
2. Intolerancia al sorbitol
El sorbitol es un poliol (alcohol de azúcar) que se utiliza como edulcorante en productos “sin azúcar”, caramelos, chicles y algunos medicamentos. También está presente de manera natural en frutas como la manzana, la ciruela o el durazno.
Al igual que ocurre con la fructosa, la absorción intestinal del sorbitol es limitada. Esto provoca que una parte significativa llegue al colon, generando fermentación y síntomas digestivos.
Síntomas frecuentes:
- Distensión abdominal
- Dolor tipo cólico
- Diarrea osmótica (aumento de la cantidad de agua en el intestino)
Alimentos a vigilar: chicles sin azúcar, caramelos light, ciruelas, peras, manzanas, duraznos, algunos jarabes farmacéuticos.
3. Intolerancia a la lactosa
La lactosa es el azúcar natural de la leche y sus derivados. Para digerirla, el intestino delgado produce una enzima llamada lactasa. Cuando esta enzima está en baja cantidad, la lactosa no se descompone correctamente y pasa al intestino grueso, donde es fermentada por bacterias, provocando molestias.
Síntomas frecuentes:
- Dolor abdominal
- Gases y ruidos intestinales
- Diarrea
- Náuseas en algunos casos
Alimentos a vigilar: leche de vaca, cabra u oveja, helados, yogures, quesos frescos y procesados, productos industrializados que incluyan lactosa como ingrediente (panes, salsas, embutidos).
4. ¿Cómo se diagnostican estas intolerancias?
El diagnóstico suele realizarse mediante pruebas específicas como el test de hidrógeno espirado, en el que se mide la concentración de hidrógeno en el aire exhalado tras ingerir el azúcar sospechoso. Este gas se produce cuando la sustancia no se absorbe y llega al colon, donde las bacterias la fermentan.
En otros casos, el diagnóstico se apoya en la historia clínica y la mejora de los síntomas tras seguir una dieta de exclusión.
5. Estrategias nutricionales
Vivir con intolerancias alimentarias no significa renunciar por completo a todos los alimentos que contienen estos azúcares, sino aprender a manejar las cantidades y combinaciones. Algunos consejos útiles:
- Dieta individualizada: cada persona tiene un umbral distinto de tolerancia. Lo que a uno le genera molestias, otro puede consumirlo en pequeñas cantidades sin problema.
- Leer etiquetas: muchos productos “sin azúcar” contienen sorbitol u otros polioles. Lo mismo ocurre con lactosa en alimentos inesperados.
- Alternativas seguras:
- En la intolerancia a la lactosa: bebidas vegetales, quesos curados (que suelen tener menos lactosa), yogures sin lactosa.
- En la intolerancia a la fructosa: frutas bajas en fructosa como plátano maduro, frutos rojos o cítricos en pequeñas porciones.
- En la intolerancia al sorbitol: evitar edulcorantes artificiales, frutas bajas en sorbitol, según tolerancia, como plátano maduro, frutos rojos (fresas, arándanos, frambuesas), cítricos (naranja, mandarina, limón)
- Consultar con un profesional de la nutrición: un nutricionista online o presencial puede diseñar un plan equilibrado que evite déficits nutricionales.
Las intolerancias alimentarias como la de la fructosa, el sorbitol o la lactosa pueden afectar notablemente la calidad de vida, pero con un buen diagnóstico y una alimentación personalizada es posible controlar los síntomas y seguir disfrutando de la comida. La clave está en escuchar al cuerpo, observar patrones y buscar asesoría profesional..
Es posible que un alimento que hoy te cause molestias mañana lo toleres mejor, y esto se debe a que la tolerancia a la fructosa, el sorbitol o la lactosa no es fija, sino que depende de varios factores.
La cantidad ingerida es determinante: por ejemplo, una persona intolerante a la lactosa puede tomar un chorrito de leche en el café sin síntomas, pero un vaso entero puede causar gases y diarrea. También influye la combinación de alimentos: la fructosa de una manzana suele tolerarse peor si se come sola, pero acompañada de arroz o pan (ricos en glucosa) puede absorberse mejor; lo mismo ocurre con la leche, que suele digerirse con menos molestias si se toma junto a una comida en lugar de en ayunas. El estado del intestino y la microbiota también es clave: tras una gastroenteritis o un tratamiento con antibióticos, incluso un yogur puede sentar mal, pero con el tiempo y la recuperación de la flora intestinal vuelve a tolerarse. La maduración o preparación de los alimentos marca la diferencia: las manzanas cocidas en compota suelen generar menos molestias que las crudas. El momento del día y el vaciamiento gástrico también influyen: desayunar una fruta en ayunas puede dar más síntomas que comerla después de una comida principal, cuando la digestión es más lenta y progresiva.
Finalmente, una exposición progresiva y controlada puede favorecer la adaptación del cuerpo y aumentar la tolerancia. Por eso, vivir con intolerancias alimentarias no significa prohibiciones absolutas, sino aprender a identificar qué condiciones permiten disfrutar de ciertos alimentos sin molestias.